| Artículos: Relaciones a distancia |


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No es raro enamorarse de alguien que vive lejos o incluso que sea extranjero, estando de paso en otra ciudad o navegando por la red.

En estos casos comienza una relación que va a tener un desarrollo peculiar y sus propias características. Lanzarse a una aventura así puede ser muy excitante, pero conviene tener en cuenta sus dificultades, para prevenir problemas innecesarios, o no comenzar lo que podría generar mucho sufrimiento.

El enamoramiento no es garantía de que una pareja vaya a continuar, ni de que sea adecuada o compatible. Uno se deja llevar por esa corriente que arrastra, sin poder o sin querer abandonarla. Creemos haber descubierto a la persona de nuestra vida. La idealizamos y nos obsesionamos con ella, recordándola a todas horas. Y como falta la convivencia, o el encuentro frecuente, dejamos a un lado, con facilidad, los aspectos negativos e interpretamos, todo, más favorablemente.

La distancia favorece la idealización y el recordar sólo lo bueno: los momentos felices, la entrega apasionada, la intensidad del encuentro…sin valorar que son momentos especiales.

Al tener el tiempo limitado uno lo aprovecha para dar lo mejor de sí mismo a dosis concentradas. Y en las llamadas, correos, cartas o el chat se favorece el comunicar lo favorable, dejando a un lado temores, malestares, o situaciones que sean difíciles de contar.

La ausencia de convivencia habitual puede ocultar las dificultades para vivir con otro que no aparecerán hasta que se desarrolle esa convivencia. ( El amor no es suficiente para saber convivir. Para algunos es muy difícil ceder, compartir). Y en otros casos la convivencia puede hacer patente el compromiso que se adquiere en una pareja, y agobiar en exceso. O el compromiso de vivir una vida claramente homosexual, que a causa de la homofobia internalizada, puede crear mucha angustia y ganas de salir huyendo. Por eso la prueba de la convivencia es tan importante antes de considerar a esa persona como un novio.

Habrá que cuidar mucho la comunicación entre cada encuentro. Para la pareja que se separó, por ejemplo, por motivos laborales y que tuvieron un tiempo de convivencia, puede ser diferente, pues las necesidades de conocerse y de compartir han podido disminuir. La relación se podrá mantener con encuentros de calidad en los que se dé buena comunicación de lo esencial. Pero en la pareja que se está creando en la distancia es difícil estar al día de esas cosas cotidianas que apetece compartir, las anécdotas, los nuevos amigos, experiencias. El riesgo es caer en una rutina sin color ni pasión en lo que se transmite. Compartir la vida a distancia exige un esfuerzo y hasta una buena técnica (sea por carta, grabaciones, correos, teléfono). Si no, puede ocurrir que cada uno siga creciendo y cambiando y en vez de conocerse más se vayan desconociendo más.

Y no digamos en la cuestión sexual, pues antes o después se planteara el tema de la fidelidad y si la pareja es abierta o no. Aquí el diálogo y la sinceridad son imprescindibles, y el ser realistas con las necesidades de cada uno, y con la forma de ser. Este tema puede ser el detonante de una ruptura, si se deja a un margen y se pretende ignorar hasta que ya es tarde. Es mejor hacerse concesiones y no confundir el sexo fuera de la pareja, con la falta de amor.

En caso de decidir vivir juntos y mudarse hay que valorar con cuidado la futura renuncia al ambiente familiar y al entorno habitual.

No todo el mundo vive bien esa separación de la familia, de los amigos, de las costumbres, del idioma, de las comidas y el clima. El espíritu aventurero y de sacrificio puede durar solo un tiempo breve, que coincida con los inicios, en donde con el amor basta, y luego empezar la añoranza por lo anterior.

Esto se puede complicar si el que permaneció en su lugar no comprende las necesidades del otro, no valora su sacrificio, ni le compensa por esa renuncia. A veces encontramos casos en los que se ponen pegas a que el otro vuelva periódicamente a su lugar de origen, o se muestran celos de los amigos anteriores y no se les quieren invitar, o no se viaja nunca con él a su casa. O se le desprecian sus costumbres y tradiciones.

Este aspecto social no debe descuidarse, pues no solo necesitamos el cariño de una pareja ( aunque al principio así parezca), sino que necesitamos una red afectiva y un entorno social con sus tradiciones, con su propia lengua (caso de habitantes de otras comunidades o países). La adaptación lingüística puede costar mucho.

Las diferencias culturales pueden ser atractivas en un primer momento, pero exigen un esfuerzo de adaptación que debe ser mutuo y lo más justo posible. Intentar conocer ese mundo del otro, compartirlo es importante. La renuncia unilateral puede pasar factura en un futuro si supone un sacrificio enorme sin contraprestación amorosa.

Precipitar la convivencia puede causar grandes problemas y es algo a meditar. Mucha gente decide a la ligera llevado por su enamoramiento o por sus necesidades afectivas, o por problemas económicos, sin tener en cuenta los demás factores que andan en juego. Ni los ambientales (el cambio de ciudad, de estilo de vida…) ni los propios de la convivencia. Y que igual no ha dado tiempo a conocer de verdad como es el otro.

Quizás se escogió una relación a distancia porque se quiere seguir conservando un estilo de vida independiente en la propia ciudad, y no se quiere convivir, en general, con nadie.

Si además se abandona un trabajo y no se encuentra otro el paro puede ser un corrosivo tremendo para cualquier pareja, y más de hombres. La dependencia económica es peor aceptada por los varones.

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Algunos consejos sobre mudarse a vivir juntos

1. Darse tiempo para reflexionar sobre todos los pros y contras de la futura situación, haciendo un esfuerzo por no minimizar los aspectos negativos o problemáticos que hemos visto.

2. Uno no se realiza como persona solo por tener pareja. Son muy importantes otros aspectos del proyecto personal, valorando tanto los que se dejan como los que se toman en el nuevo lugar: un buen trabajo, un buen entorno, posibilidades de ocio, deporte, cultura, amigos, estudios.

3. Tener en cuenta que se pasará por un periodo de adaptación que incluye un duelo por lo que se pierde. Por lo que se podrá estar un poco triste o desanimado, algo normal que tarde en pasarse algunos meses o incluso más de un año. El que se queda en su ciudad debe ser comprensivo con ese cambio de humor y no tomarlo como algo personal. No dar por sentado que tenemos que adaptarnos maravillosamente, por que haya amor. Nadie es excepción a los fenómenos que se producen en las pérdidas y separaciones. No pretender ser un héroe y que las cosas no nos afecten. O que lo nuevo nos tiene que gustar necesariamente.

4. No ponerse celoso de que el que se muda prefiera lo suyo anterior y pretenda seguir cultivando sus amistades y familia, frente a lo que se le ofrece en la nueva ciudad. Ojalá no deje de hacerlo por la propia salud de la pareja.

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